Una historia inspirada en los miembros de la ppbp y en otras cosas que no tienen nada que ver con casi nada. Es un intento, a su vez, de demostrar que el fútbol y la literatura, aunque sea de saldo, pueden ir de la mano o, en este caso, del link.

miércoles, enero 31, 2007

Capítulo quinto

Cuando tengo relaciones con una mujer, ella se casa con otro. Te viene esa frase a la cabeza y no sabes por qué. Apagas el cigarrillo y te enderezas sobre el taburete, quitando los codos de la barra. Miras a tu alrededor para asegurarte de que es el bar lo que te asquea. La estrechez de este pasillo, en el cuál han metido una larga barra repleta de camareros y clientes, te deprime. Siempre teniendo que dejar pasar a la gente que quiere alcanzar el otro lado, llegar a esa sala a la que tan sólo vas porque ahí están los lavabos. Y el rojo que inunda la estancia te recuerda a una de tus peores pesadillas cuando eras niño, cuando fuiste consciente por primera vez de que algún día podrías acabar así. Cuando tengo relaciones con una mujer, ella se casa con otro.

Maldita frase, piensas, y te enciendes otro cigarrillo.

- Mehmet, ponme otro whisky.

Estás borracho. Te sientes abotargado por el alcohol y los cigarrillos. Tienes los pulmones como llenos de agua y te cuesta respirar. Te da igual. Miras a tu alrededor, despertando de un sueño, para comprobar que la mierda sigue rodeándote y que el pasillo sigue siendo igual de estrecho.

- Gracias, Mehmet.

Un sorbo. Una calada. Te miras en el espejo sucio que hay al otro lado. Enfocas a una botella de ginebra. Otro sorbo. Vuelves a mirar la botella y ves el dibujo de la etiqueta: una casa soleada con un jardín en el que una hermosa mujer baila. Recuerdas de repente el origen de la maldita frase, como una punzada en el estómago, como rocas y hierros retorcidos que asoman cuando baja la marea, cuando se acaban los calmantes, y te sorprendes a ti mismo dando marcha atrás muchos años, años que no parecen tuyos, como si estuvieras leyendo por primera vez el diario de un desconocido. Y ves a aquella mujer bailando y riendo, hablándote, mientras tu la fotografías. El estómago se te cierra en un puño. Por aquel entonces todavía tenías pesadillas y las vivías, líos de faldas, deseos nunca colmados. Así de poeta le hablaste a tu mejor amigo, por aquel entonces tu mejor amigo, en la puerta de tu casa, con siete bares entre pecho y espalda. Cuando tengo relaciones con una mujer, ella se casa con otro. Así te salió la frase y el se rió. Se descojonó en tus narices. Luego vino lo de ir matando a gente y finalmente este bar en Estambul.

Te enfureces y bebes el whisky que te queda de un solo trago. Tiras el cigarrillo al suelo y le enseñas el vaso vacío al camarero, como un peluche frente a un bebé.

- Mehmet, ponme otro.

Miras a tu alrededor y la estrechez que antes te aprisionaba cede ante tus espaldas. Ya no te sientes borracho pero lo estás. Enciendes otro cigarrillo y dejas el mechero de un manotazo encima de la barra. Con cada calada te llega el humo a la punta de los pies. El camarero te mira de reojo mientras seca una copa. Un cliente que hay a tu derecha levanta la vista del libro que lee. Pero no te mira. Por qué no te mira. Cree que no valgo la pena, que soy un borracho cualquiera en un bar de mala muerte. Y tiene razón. Pero te llena de frustración. Eres el único que tiene derecho a opinar sobre ti mismo. Tiene razón, pero de casualidad. No tienes ni puta idea, dices en voz baja. Te pones de pie, al lado del taburete, con el codo apoyado en la barra, para poder observarlo mejor. Fumas gesticulando, como un proxeneta cuando fuma delante de sus putas, y en las plantas de tus pies un paradiddlediddle. Sigue leyendo y ni se inmuta ante tus obvias y ruidosas caladas. Quieres matarlo, vengarte y demostrar al mundo entero que has merecido tu puta suerte porque eres un malnacido. Entonces todo el mundo podrá despreciarte con razón. Miras al camarero y él aparta la mirada.

Agarras con tu mano de gorila el whisky y con una sonrisa exagerada te acercas al extraño.

- Mehmet, ponle un whisky a mi amigo.

Y gesticulas como Jack Nicholson, y te ries como él. Eres Jack Nicholson. Te ries. Te acercas a su cara echando tu sombra sobre las hojas del libro y sobre su cabeza gacha. Hablas en voz alta.

- Dime, cómo te llamas? No es un poco de gilipollas estar leyendo en un bar a estas horas?

Y te ries a carcajada suelta, alzando los brazos y el whisky, girando sobre ti mismo, mirando a los ojos de la gente muda que miran a los ojos que les están mirando. Tal como haría Jack.

- Mehmet, quieres ponerle un whisky a mi amigo de una vez?

Le pones la mano en el hombro y despeinado, como sólo Jack Nicholson lo puede estar, le cierras el libro. Te acercas a su oreja, te relames los labios:

- A ver, me vas a decir cómo te llamas o te tengo que sacar el nombre a hostias?

Su cara se gira lentamente hasta que su mejilla toca la tuya. Su boca está cercá de tu oreja. Podría besarte el cuello, piensas. Un aliento templado:

- Mi nombre es Camilo J. Cela y voy a matarte, Hipé Seiszihnko.

Te enderezas eléctricamente con cara de estúpido y los brazos de par en par. Tiras el Whisky y algo más que había por ahí y con la boca abierta te quedas sentado de nuevo en el taburete. Vas a morir, piensas. Por fin.



7 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Menos mal que el bar está en Estambul, sino hubiera pensado que era el Relics.

12:40 p. m.

 
Blogger mr. carlos said...

Bueno, en realidad el bar está inspirado directamente en el que hay al final de las ramblas a mano derecha. Al Javi casi le da un patatús al ver al Joel Joan salir del lavabo en el sitio ese. Joder, ahora no recuerdo el nombre.

1:06 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

Ottia! El California!

Qué recuerdos...

9:10 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

Yo en el California me besé con uno de los de la lista de Camilo!!!! Y no pienso dar más detalles, que eso ya sería alardear y nada más lejos de mi intención!!! Au contraire mes amies!!!

12:21 p. m.

 
Blogger mr. carlos said...

Por fin me he acordado del nombre del bar: Kentucky.

1:43 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

Bueno, pues hoy tras cansarme de ver pantallazos azules en mi ordenador he decidido que ya tocaba leermelo todo en profundidad, que mira que es largo...

Muy bien escrito todo, muy bien, envidia en el dominio de la palabra...

Lástima que me pierda las referencias enterradas...

Pero tres horas para descuartizar a dos viejos más una ducha, y ni un poli en Berlin...joer

Y pedazo de elipisi para el capítulo cinco...

Esperaremos a la próxima entrega, ahora que ya estamos al día

6:10 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

Cierto, Kentucky. El Cali estaba más guarro pero era menos sórdido.

7:15 p. m.

 

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